La energía eólica mantiene uno de los costos de generación más competitivos del mercado internacional, con valores de entre USD 37 y USD 86/MWh. Sin embargo, Guatemala lleva años sin incorporar nuevos parques y la última gran licitación PEG-5 volvió a dejar a la tecnología prácticamente fuera de competencia.
Según explica Sebastián Murillo, Business & Strategic Development Analyst en Improvement & Progress, S.A., la energía eólica todavía tiene espacio dentro del sistema eléctrico guatemalteco, aunque bajo una lógica diferente a la que impulsó los primeros desarrollos del país.
“Yo considero que tiene una ventana de crecimiento en la diversificación de la matriz más que en la competitividad tecnológica”, sostiene.
La aparente contradicción refleja un cambio más profundo dentro del sistema eléctrico. Mientras históricamente el precio de la energía era uno de los principales factores de decisión, hoy ganan peso atributos como la potencia firme, la capacidad de programación y la flexibilidad operativa, segmentos donde la combinación de energía solar y almacenamiento logró posicionarse con ventaja.
La última evidencia de la pérdida de protagonismo del sector apareció en la PEG-5. Mientras los proyectos solares con BESS ofertaron 1242 MW, la energía eólica apenas alcanzó 31,5 MW, reflejando una tendencia que se viene consolidando desde hace varios años.
Para Murillo, el punto de inflexión ocurrió después de la PEG-3, cuando la caída de los costos solares modificó las reglas económicas del mercado renovable.
“Desde los tres parques que se contratan en la PEG-3 se quedó la historia. Después, la solar bajó los precios y la eólica guatemalteca simplemente no pudo seguir el ritmo”, manifiesta.
La falta de nuevos desarrollos también expone dificultades adicionales vinculadas a la ejecución de proyectos. Uno de los casos más representativos es el Proyecto Eólico Comapa, identificado desde 2018 y que todavía no logra avanzar hacia su construcción.
“Que luego de ocho años no se haya desarrollado también muestra la poca ayuda en los trámites”, agrega.
La diferencia competitiva entre ambas tecnologías no puede explicarse únicamente a través del costo nivelado de generación. De acuerdo con el informe Levelized Cost of Energy 2025 de Lazard, la energía eólica terrestre presenta costos de entre USD 37 y USD 86/MWh, mientras que los sistemas fotovoltaicos con baterías registran rangos de entre USD 50 y USD 131/MWh, considerando inversión, operación, mantenimiento y financiamiento durante toda la vida útil de los proyectos.
El elemento diferencial aparece cuando el sistema exige firmeza y capacidad de respuesta. La PEG-5 fue diseñada para contratar potencia garantizada y energía firme capaz de cubrir necesidades específicas de demanda, un esquema que favorece tecnologías con mayor control sobre el momento en que entregan energía a la red.
“Solar+BESS puede programar despacho nocturno con alta certeza porque carga las baterías durante el día con excedentes baratos”, explica Murillo.
La capacidad de almacenar energía durante las horas de mayor irradiación y despacharla posteriormente en los horarios requeridos por el sistema se transformó en una ventaja decisiva frente a otras fuentes renovables.
En contraste, la producción eólica depende de la disponibilidad del recurso y ofrece menores niveles de previsibilidad operativa.
“La eólica simplemente no tiene ese control, y agregarle almacenamiento no vale la pena porque solo subiría los costos. La solar es mucho más económicamente viable en ese esquema”, afirma Murillo.
La magnitud del cambio quedó reflejada en la propia adjudicación de la PEG-5. Cerca del 73% de la capacidad adjudicada correspondió a fuentes renovables y la combinación de solar más baterías capturó aproximadamente el 47% del total adjudicado, consolidando una transformación estructural en la planificación del sistema.
“Eso no es una tendencia, es la arquitectura del sistema que se está redefiniendo”, asegura Murillo.
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Aun así, el especialista considera que existen condiciones concretas que podrían permitir el regreso de nuevos parques eólicos durante la segunda mitad de la década.
Uno de los principales desafíos está relacionado con la calidad de la información disponible sobre el recurso. La falta de campañas modernas de medición y de herramientas avanzadas de análisis limita la posibilidad de estructurar proyectos capaces de acceder a financiamiento.
“Sin una campaña seria de medición eólica y a elevaciones de 100–120 metros en zonas del país, no hay proyecto estructurable; ningún financista firma con el mapa del MEM de 2011”, advierte.
Por ello plantea la necesidad de desarrollar una plataforma nacional que integre información sobre recursos energéticos, infraestructura de transmisión, demanda y proyectos existentes.
“Guatemala necesita el equivalente a lo que Brasil tiene con sus plataformas, un sistema de visualización dinámica a nivel nacional donde cualquier desarrollador pueda ver el recurso, la red de transmisión, la demanda departamental y los proyectos existentes”, señala.
Las condiciones comerciales representan otro de los obstáculos para la expansión del sector. A juicio del analista, los mecanismos enfocados en potencia firme limitan estructuralmente la participación de la generación eólica, por lo que será necesario habilitar alternativas complementarias.
“La licitación de potencia firme excluye a la eólica por diseño”, sostiene.
Entre las opciones menciona la creación de marcos que faciliten contratos bilaterales de compraventa de energía con grandes consumidores o modalidades enfocadas específicamente en energía.
“Se necesita un marco para PPAs bilaterales con grandes usuarios o una modalidad de solo energía que la CNEE reconozca para resiliencia al sistema. Sin eso, no hay entrada”, afirma.
La infraestructura de transmisión completa el grupo de factores determinantes. Muchos de los mejores recursos eólicos identificados en Guatemala se encuentran alejados de los principales centros de consumo y de las redes actualmente disponibles para evacuar energía.
En ese contexto, la ejecución de la PET-3 adquiere especial relevancia. El proyecto contempla más de 440 km de líneas de transmisión y 14 nuevas subestaciones, obras que podrían habilitar el aprovechamiento de zonas que hoy carecen de acceso competitivo al sistema.
“Los mejores sitios eólicos del país están en zonas remotas sin salida económica a la red. Sin transmisión, el recurso no importa”, advierte Murillo.
Más allá de las condiciones de mercado actuales, el especialista considera que el crecimiento de la demanda eléctrica terminará impulsando una diversificación más amplia de la matriz energética. Allí, la complementariedad entre el recurso eólico y la generación hidroeléctrica aparece como una de las principales oportunidades.
“El viento en Guatemala es más fuerte en época seca, justo cuando la hidro cae”, destaca.
Desde esa perspectiva, la energía eólica no necesariamente volvería a ocupar el rol central que tuvo durante los primeros años de expansión renovable, pero sí podría transformarse en una tecnología complementaria dentro de una matriz cada vez más diversificada.
“No actuando como enfoque principal, pero teniendo un rol importante en ser complementaria para la matriz renovable”, concluye.
Aunque la PEG-5 consolidó el liderazgo de la solar con almacenamiento, el futuro de la energía eólica en Guatemala dependerá menos de competir por precio y más de la capacidad del país para resolver barreras vinculadas a información, regulación y transmisión. Si esas condiciones evolucionan durante los próximos años, la tecnología todavía podría encontrar espacio para volver a desarrollarse antes de 2030.


