México dejó de ser una promesa latente para convertirse en el mayor examen técnico del mercado BESS en Latinoamérica. La aceleración de las convocatorias privadas y mixtas, sumada al nuevo marco regulatorio para almacenamiento, empujó a fabricantes, desarrolladores y EPCistas a responder en simultáneo a una cartera inédita de proyectos con exigencias diferenciadas.
En ese escenario, Héctor Núñez, director comercial para Norteamérica y Latinoamérica de Sungrow, advirtió que la compañía enfrenta un volumen de trabajo sin precedentes en el país.
“Estamos participando en decenas, por no decir centenas, de proyectos en paralelo con exigencias distintas”, afirmó Núñez durante su participación en Future Energy Summit (FES) México.
“El requerimiento que demanda México actualmente es el más exigente que vemos en la región, principalmente desde el punto de vista del almacenamiento”, agregó el directivo.
El diagnóstico llega en un momento clave. El esquema mixto impulsado por la CFE no sólo redefine el desarrollo de nueva generación, sino que también abre una demanda inédita para los sistemas BESS. Los 37 proyectos adjudicados bajo este mecanismo suman alrededor de 7400 MW de capacidad y deberán incorporar almacenamiento de 3 horas, equivalente al 30% de su capacidad. Incluso algunas iniciativas superan ese umbral, como El Chorro, impulsado por Teralia, que contempla una integración cercana al 45% en baterías.
A ello se suma una convocatoria específica para almacenamiento y un calendario regulatorio exigente: durante octubre se evaluará la alineación técnica de los proyectos con los criterios de planeación vinculante del sistema eléctrico, mientras que ese mismo mes se conocerán los resultados finales de las convocatorias y los permisos aprobados por el Comité Técnico de la CNE.
Ese nuevo tablero explica por qué Sungrow interpreta el momento mexicano como un punto de inflexión regional. Después de años de baja actividad en utility scale, el país pasó a concentrar una demanda acelerada, donde el precio ya no aparece como el único factor decisivo.
“México estaba un poco dormido y esto se despierta como quien está durmiendo y le cae una culebra en la cama”, graficó Núñez.
El ejecutivo sostiene que ese cambio tomó por sorpresa a buena parte de la industria. Mientras algunos fabricantes debieron reorganizar rápidamente sus estructuras para atender el nuevo volumen de proyectos, Sungrow llegó con una ventaja: durante el período en que el mercado mexicano avanzaba lentamente, la compañía consolidó su presencia en otros mercados latinoamericanos, experiencia que ahora traslada al país.
"México entró en una fase con una cantidad de proyectos sin precedentes. No todos han podido adaptarse a esa demanda y pocas compañías tienen la capacidad para responder", aseguró.
Y agregó: "Estamos trabajando con un sinfín de promotores y un sinfín de EPCistas para llegar a tiempo y entregar la información que necesitan, porque es clave para ellos".
Para Núñez, el objetivo ahora es que la mayor parte de esa cartera llegue efectivamente a construcción. "Esperamos que estos proyectos vean la luz. Si no todos, que la mayoría pueda desarrollarse. Yo creo que es factible y para eso estamos aquí, para ayudar", sostuvo.
Más allá del CAPEX: la carrera por reducir el costo del almacenamiento
En ese punto, Sungrow busca capitalizar su experiencia regional. La empresa asegura contar con cerca de 12 GWh contratados en almacenamiento en Chile, mercado que Núñez identifica como pionero en Latinoamérica y desde el cual la compañía tomó aprendizajes técnicos para adaptar soluciones al caso mexicano.
“Chile fue y es el mercado pionero en el tema de almacenamiento, sin duda”, señala el ejecutivo. La diferencia, aclara, es que México exige una adaptación específica. No alcanza con replicar soluciones utilizadas en otros países. La normativa local, las necesidades de CFE y las características de cada convocatoria obligan a diseñar respuestas a medida.
En paralelo, el incremento del litio tensiona los costos de los proyectos. “Estamos sufriendo con un incremento de litio tremendo, que es el doble de lo que valía en diciembre del año pasado”, advirtió Nuñez.
Para mitigar ese impacto, Sungrow apuesta por soluciones de mayor densidad. La compañía lanzó recientemente una batería de 7 MWh en 20 pies, frente a los 5 MWh que ofrecía anteriormente en el mismo espacio.
Ese salto permite incorporar 2 MWh adicionales sin ampliar el footprint, lo que se traduce en una reducción del balance de planta y una mejora directa en la viabilidad económica de proyectos utility scale.
Pero, para Núñez, la discusión ya no puede limitarse al costo inicial de adquisición. El crecimiento del almacenamiento también modificó el peso estratégico de estos sistemas dentro de la inversión total. Mientras que históricamente un fabricante de inversores participaba apenas entre el 5% y el 7% del CAPEX de una planta fotovoltaica, la incorporación de BESS eleva esa participación hasta cerca del 30%, convirtiendo al almacenamiento en uno de los componentes más relevantes del proyecto.
“Invito a que veamos esos otros elementos y hago énfasis en el OPEX, en las degradaciones y en qué tipo de producto estoy ofreciendo”, remarcó.
Los contratos de operación y mantenimiento de largo plazo (LTSA), explica, tendrán cada vez mayor incidencia sobre la rentabilidad. Por ello, Sungrow apuesta por esquemas flexibles que permitan transferir conocimiento al personal del propio cliente y reducir significativamente esos costos.
"Podemos adaptarnos a la necesidad que tenga el cliente, transferir ese conocimiento a su personal de operación y mantenimiento y hacer que ese costo disminuya prácticamente a cero, haciendo más viable el proyecto”
La empresa también pone sobre la mesa su centro regional de monitoreo, desde donde supervisa en tiempo real los sistemas instalados, incluso a nivel de temperatura de cada celda, como parte de una estrategia orientada a maximizar disponibilidad y minimizar riesgos operativos.
Actualmente Sungrow acumula 1,2 GW de proyectos fotovoltaicos instalados en México y continúa ampliando su estructura local para acompañar el crecimiento esperado del mercado.
“Vienen años de aquí al 2030 bastante movidos, donde casi todos vamos a tener trabajo sin duda”, anticipó.
En esa lectura, México empieza a desplazar el centro de gravedad del almacenamiento latinoamericano. Con Brasil afectado por restricciones de curtailment y Chile ya consolidado como laboratorio regional, el mercado mexicano aparece ahora como el nuevo campo de competencia para los grandes fabricantes de BESS.
“Me atrevería a decir que en este momento es el mercado más relevante de Latinoamérica”, concluyó Núñez.
La señal para la industria es clara: el boom mexicano no sólo abre una oportunidad comercial, sino que eleva la vara técnica de todo el mercado regional. En esa carrera, la capacidad de entregar tecnología, cumplir normativa y reducir costos operativos será tan determinante como el precio inicial de las baterías.

