El futuro regulatorio del hidrógeno renovable volvió al centro del debate europeo. Un grupo de 170 empresas de toda la cadena de valor energética pidió a la Comisión Europea que mantenga más allá de 2030 los objetivos y mandatos vinculantes para los combustibles renovables de origen no biológico (RFNBO) establecidos en la Directiva de Energías Renovables RED III.
La carta fue dirigida a la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen; a la vicepresidenta ejecutiva, Teresa Ribera; y al comisario Dan Jørgensen, con un mensaje concreto: la industria acepta revisar y mejorar el marco, pero no eliminar la señal obligatoria de demanda.
El argumento central es económico y de confianza regulatoria. Las compañías sostienen que debilitar los objetivos después de 2030 implicaría cambiar las reglas cuando buena parte de las decisiones de inversión ya se tomaron sobre la base de ese esquema.
Europa concentra actualmente más de €15.000 millones comprometidos en aplicaciones de hidrógeno para el usuario final, mientras la inversión regional creció alrededor de 35% durante el último año.
Además, existen más de 4 GW de capacidad de electrólisis en construcción, un crecimiento que la industria vincula principalmente con la aplicación de los objetivos de transporte de la RED III.
“Debilitar ahora los objetivos de hidrógeno renovable supondría cambiar las reglas a mitad de la partida”, advirtió Jorgo Chatzimarkakis, director ejecutivo de Hydrogen Europe.
Según el sector, alcanzar los objetivos actuales de la RED III hacia 2030 podría movilizar todavía entre €50.000 millones y €60.000 millones de inversión adicional, además de evitar alrededor de 30 millones de toneladas de CO₂ al año.
La discusión, por lo tanto, no se limita al volumen de hidrógeno producido.
Para las empresas firmantes, mantener los objetivos vinculantes es también una señal sobre la capacidad de Europa para ofrecer previsibilidad a proyectos industriales con horizontes de inversión de largo plazo.
La industria reconoce que el marco actual necesita ajustes.
Entre los reclamos aparecen mejoras en la implementación, mayor coordinación con los Estados miembros, mecanismos de apoyo más sólidos y condiciones que permitan cumplir los objetivos industriales con mayor viabilidad económica.
Pero diferencia esa discusión de una eventual eliminación de las metas.
“Europa necesita inversión. La inversión necesita certidumbre. La certidumbre requiere objetivos RFNBO vinculantes”, resumió François Paquet, director general de Renewable Hydrogen Coalition.
Hasta €60.000 millones adicionales dependen de la señal regulatoria
La preocupación de la industria se apoya en la necesidad de sostener una referencia estable para proyectos que todavía enfrentan altos costos, infraestructura insuficiente y demanda incipiente.
Las compañías advierten que retirar los mandatos no representaría una simplificación regulatoria, sino que podría generar una fuerte disrupción sobre iniciativas desarrolladas durante los últimos seis años.
El temor es que los primeros proyectos que asumieron mayores riesgos tecnológicos y comerciales queden penalizados frente a inversiones futuras.
La carta también vincula el hidrógeno con otros desafíos del sistema energético europeo.
Las empresas consideran que esta tecnología puede complementar la electrificación directa, aportar almacenamiento estacional, flexibilidad para las redes y una vía para reducir curtailment, además de abastecer procesos industriales donde sustituir completamente las moléculas por electricidad resulta más complejo.
La industria también plantea que el debate debe leerse en términos de competitividad.
En un momento en que Europa busca atraer capital para nuevas industrias limpias, un cambio brusco en los objetivos podría reforzar precisamente uno de los problemas identificados por los propios actores del mercado: la falta de previsibilidad para decisiones de inversión de largo plazo.
Ivana Jemelkova, directora ejecutiva del Hydrogen Council, sostuvo que mantener los mandatos más allá de 2030 enviaría “una señal clara de que Europa puede ofrecer la certidumbre que los inversores requieren”.
El debate llega así a una etapa sensible para el hidrógeno europeo.
Con más de €15.000 millones ya comprometidos, 4 GW de electrólisis en construcción y hasta €60.000 millones adicionales asociados al cumplimiento de las metas actuales, la discusión sobre la RED III empieza a definir no sólo la ambición climática posterior a 2030, sino también qué grado de confianza podrán tener los inversores en las reglas de juego de largo plazo del mercado europeo.
